Rusia y EE.UU. negocian paz en Ucrania sin Kiev en la mesa: ¿Traición o estrategia?

El mundo contiene la respiración mientras Rusia y Estados Unidos se sientan a la mesa, pero hay un gran ausente: Ucrania. A tres años de una guerra brutal que ha dejado miles de muertos y un país en ruinas, las dos superpotencias están negociando el destino de Ucrania sin que Volodymyr Zelensky tenga voz ni voto. ¿Es esto una traición descarada a un aliado que ha sangrado por su libertad, o una estrategia maestra para terminar un conflicto que amenaza con escalar aún más? Lo que está pasando en Riad, Arabia Saudí, desde el 18 de febrero de 2025, tiene al planeta al borde del asiento, y las respuestas no son nada tranquilas.

La noticia explotó hace una semana, cuando Donald Trump, apenas un mes en su nuevo mandato, llamó a Vladimir Putin el 12 de febrero. Fue el primer contacto directo en años entre Washington y Moscú, y marcó el inicio de un juego diplomático que nadie vio venir. Días después, el 18 de febrero, el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro ruso Sergei Lavrov se reunieron en Riad durante más de cinco horas, sin un solo representante de Ucrania presente. ¿El objetivo? “Sentar las bases” para la paz, según Rubio. Pero Zelensky no tardó en gritar foul: “No aceptaremos nada negociado a nuestras espaldas”, dijo desde Ankara el 18 de febrero, tras reunirse con el presidente turco Erdogan. La pregunta es: ¿tiene opción?

El plan que está sobre la mesa es nebuloso, pero las filtraciones son incendiarias. Fuentes dicen que Trump quiere un alto al fuego inmediato, elecciones en Ucrania supervisadas por “observadores neutrales” y un acuerdo que deje a Rusia con el 20% del territorio ucraniano que ya controla —Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Crimea incluidas—. A cambio, EE.UU. exige acceso al 50% de los minerales de tierras raras de Ucrania, un botín valuado en 500 mil millones de dólares, según The Telegraph. Zelensky lo rechazó el 22 de febrero, pero la presión sube: sin el apoyo militar de EE.UU., que suma 64 mil millones de euros desde 2022 según el Instituto Kiel, Ucrania podría colapsar.

Mientras tanto, Europa está en llamas de indignación pero sin rumbo claro. El 17 de febrero, Emmanuel Macron convocó una cumbre urgente en París con líderes de Alemania, Reino Unido, España, Italia y más, exigiendo un asiento en la mesa. “Sin nosotros, no hay paz justa”, dijo Macron.

Algunos, como el británico Keir Starmer, sugieren enviar tropas de paz europeas a Ucrania, una idea que Rusia ya llamó “inaceptable” el 18 de febrero por boca de Lavrov. Polonia y los países bálticos tiemblan ante un Putin fortalecido, mientras Hungría y Eslovaquia aplauden desde la sombra. ¿Y la UE? Ha dado más ayuda que EE.UU., pero sin una voz unida, parece un espectador en su propio funeral.

Elon Musk agrega más leña al fuego. Aunque negó el 22 de febrero que EE.UU. corte el Starlink de Ucrania —“Eso es falso”, tuiteó—, su rol en el gobierno de Trump y su control sobre esa red vital lo hacen un jugador temido. Polonia prometió el mismo día financiar Starlink, pero si Musk y Trump aprietan el botón, Ucrania quedaría ciega en plena guerra. ¿Casualidad que Trump quiera minerales y Musk necesite litio para sus baterías? El debate estalla.

Entonces, ¿traición o estrategia? Para algunos, Trump está vendiendo a Ucrania por un trato con Putin que beneficia a EE.UU. y lo saca del pantano europeo. “Es un abandono”, dijo Zelensky el 19 de febrero, tras Trump lo llamara “dictador” en Palm Beach. Otros ven una jugada genial: si Rusia se estabiliza y Ucrania sobrevive aunque mutilada, Trump podría cumplir su promesa de “paz en un día”. Pero el costo es brutal: un país partido, una Europa humillada y un Putin que ríe último.

El 24 de febrero, tres años exactos desde la invasión, líderes europeos estaban en Kiev con Zelensky, prometiendo apoyo mientras Rubio y Lavrov designaban equipos para seguir negociando. Hoy, 25 de febrero, el mundo espera el próximo movimiento. ¿Se doblegará Ucrania? ¿Se fracturará Europa? ¿O es esto el inicio de un nuevo orden donde las superpotencias deciden y los pequeños pagan? Una cosa es segura: esta paz huele más a rendición que a victoria, y el debate apenas empieza.