El viernes 28 de marzo de 2025, un poderoso terremoto de magnitud 7.7 con epicentro en Myanmar estremeció el sudeste asiático, dejando una huella de destrucción a cientos de kilómetros de distancia. Bangkok, la vibrante capital de Tailandia, no escapó a sus efectos.

Aunque está a más de 600 kilómetros del epicentro, la ciudad sufrió el colapso de varios edificios, especialmente aquellos en construcción, en un evento que ha conmocionado a sus habitantes y al mundo. Este artículo explora cómo el sismo transformó una mañana común en un caos de escombros, gritos y rescates desesperados.
El momento en que todo cambió
A las 12:50 hora local, el suelo comenzó a temblar con una fuerza inusual para una ciudad que rara vez experimenta sismos de esta magnitud. El epicentro, localizado cerca de Sagaing en Myanmar, envió ondas sísmicas que atravesaron fronteras, alcanzando Bangkok con una intensidad que sorprendió a sus más de 17 millones de habitantes. Videos compartidos por residentes muestran rascacielos oscilando, piscinas en azoteas desbordándose como cascadas y, en el peor de los casos, estructuras cediendo ante la presión.
El colapso más impactante ocurrió en el distrito de Chatuchak, una zona conocida por su mercado turístico. Allí, un edificio en construcción de 30 pisos se desplomó en cuestión de segundos, levantando una nube de polvo que envolvió las calles cercanas. Según las autoridades, unas 320 personas trabajaban en la obra al momento del derrumbe, dejando un saldo inicial de al menos tres muertos, 50 heridos y decenas de desaparecidos entre los escombros.
Una escena de devastación
Testigos describieron el desplome como una pesadilla en cámara lenta. Adisorn Kamphasornm, un obrero de 18 años, relató cómo estaba en el sexto piso cuando sintió el temblor. “Vi una grúa tambaleándose y supe que iba a ser malo. Corrí, pero en un minuto todo se vino abajo. Había humo por todas partes”, contó. Otro trabajador, Nukul Khemutha, vio los pisos superiores hundirse desde el quinto nivel: “Gritábamos ‘corre’ y nos tomábamos de las manos para salir juntos”. No todos tuvieron esa suerte.
La estructura, destinada a ser un complejo de oficinas, aún no había alcanzado su resistencia final, lo que la hizo particularmente vulnerable. La mayoría de los obreros eran migrantes birmanos y tailandeses, atrapados bajo un amasijo de acero y cemento.
Equipos de rescate, apoyados por drones y perros entrenados, trabajaron sin descanso, pero las esperanzas de encontrar sobrevivientes disminuían con las horas. El gobernador de Bangkok, Chadchart Sittipunt, confirmó que al menos 20 trabajadores quedaron atrapados en el hueco de un ascensor, complicando aún más las labores.
Más allá de Chatuchak: otros colapsos en la ciudad
El edificio de 30 pisos no fue el único afectado. Aunque la mayoría de las construcciones modernas en Bangkok están diseñadas para soportar temblores leves, el sismo expuso la fragilidad de algunas obras en curso. En el centro financiero, varios edificios en construcción sufrieron daños estructurales, y al menos dos colapsaron parcialmente, sin reportes inmediatos de víctimas. Las autoridades evacuaron oficinas y residencias cercanas, temiendo que réplicas pudieran agravar la situación.
El agua desbordada de piscinas en rascacielos convirtió algunas calles en improvisados torrentes, mientras escombros caían desde alturas vertiginosas. Fraser Morton, un turista escocés, describió el caos en un centro comercial: “El edificio se movía de verdad. Había gritos, pánico, gente corriendo en sentido contrario por las escaleras mecánicas”. El contraste entre la modernidad de Bangkok y su vulnerabilidad quedó al descubierto.
Respuesta inmediata y estado de emergencia
La primera ministra tailandesa, Paetongtarn Shinawatra, declaró el estado de emergencia en la capital pocas horas después del sismo. “Pido a todos que mantengan la calma, pero estén atentos a posibles réplicas”, afirmó. El gobierno suspendió temporalmente el metro y el tren ligero para inspeccionar las infraestructuras, mientras el ejército y equipos médicos se desplegaron en las zonas afectadas. Hospitales de campaña se alzaron cerca de los sitios de colapso, atendiendo a heridos cubiertos de polvo y sangre.
El Departamento Meteorológico de Tailandia advirtió sobre la posibilidad de más temblores, lo que llevó a miles de personas a permanecer en las calles, lejos de edificios altos. La ciudad, conocida por su tráfico caótico, quedó paralizada, con sirenas resonando y vehículos de emergencia luchando por abrirse paso.
¿Por qué colapsaron los edificios?
La intensidad del sismo, combinada con su poca profundidad—apenas 10 kilómetros, según el Servicio Geológico de Estados Unidos—, amplificó su impacto. Edificios en construcción, como el de Chatuchak, carecen de la estabilidad de las estructuras terminadas, lo que los hace más propensos a ceder. Expertos señalan que, aunque Bangkok no está en una zona sísmica activa como Myanmar, su rápido desarrollo urbano a veces compromete las normas de seguridad en obras apresuradas.
La fragilidad de estas estructuras en curso quedó en evidencia, mientras que los edificios terminados, diseñados para temblores menores, resistieron mejor. Sin embargo, el evento plantea preguntas sobre la preparación de la ciudad ante desastres naturales poco frecuentes pero devastadores.
Un eco de destrucción regional
El terremoto no solo golpeó Bangkok. En Myanmar, el epicentro cerca de Mandalay dejó más de 144 muertos y 730 heridos, con edificios, carreteras y un puente histórico colapsados. La onda expansiva alcanzó también Chiang Mai, al norte de Tailandia, donde residentes huyeron en pijamas. El sudeste asiático entero sintió el rugido de la tierra, pero en Bangkok, los desplomes de edificios marcaron un capítulo especialmente trágico.
La lucha por los atrapados
A medida que caía la noche, las luces de los rescatistas iluminaban los escombros en Chatuchak. La cifra de desaparecidos oscilaba entre 70 y 100, según distintas fuentes, y cada hora sin hallazgos reducía las esperanzas. Familias de los obreros aguardaban noticias, mientras voluntarios y militares removían escombros con cuidado, temiendo colapsos secundarios. “Escuché personas pidiendo ayuda cuando llegué”, dijo Worapat Sukthai, subdirector de la policía local, reflejando la urgencia del momento.
Un recordatorio de la naturaleza impredecible
Este terremoto, uno de los más fuertes en la región en décadas, ha dejado a Bangkok enfrentando una realidad poco habitual: la vulnerabilidad ante fuerzas que no puede controlar.
Los desplomes de edificios no solo son una tragedia humana, sino un llamado a revisar cómo se construye en una ciudad que crece hacia el cielo. Mientras los equipos de rescate siguen su labor y la ciudad intenta volver a la normalidad, el eco de este día resonará por mucho tiempo.
