Por qué los científicos que más saben sobre inteligencia artificial no le dan acceso sin restricciones a sus propios hijos

Hay un patrón que se repite con una consistencia incómoda: las mismas personas que construyeron las tecnologías más adictivas del mundo son, con frecuencia, las que más limitan el acceso de sus propios hijos a ellas. Bill Gates no dejó que sus hijos tuvieran un teléfono inteligente antes de los 14 años, y prohibió los celulares por completo en la mesa.

Peter Thiel, cofundador de PayPal e inversionista temprano de Facebook, ha dicho que sus dos hijos pequeños usan pantallas apenas una hora y media a la semana — una cifra que, según reportó Fortune, generó murmullos de sorpresa entre el propio público de la industria tecnológica al escucharla. Elon Musk ha reconocido que no poner reglas claras sobre redes sociales a sus hijos “quizás fue un error”.

Con la inteligencia artificial, este mismo patrón está apareciendo de nuevo, pero con una diferencia importante que los propios expertos en seguridad tecnológica están señalando como un riesgo todavía mayor que el de las redes sociales.

Por qué un chatbot de IA es un riesgo distinto al de una red social

Vale la pena aclarar algo antes de continuar: las personas más citadas en este patrón —Gates, Thiel, Musk— son ejecutivos y fundadores tecnológicos, no necesariamente investigadores de inteligencia artificial en el sentido estricto. Pero la preocupación específica sobre IA está siendo señalada de forma directa por expertos en seguridad infantil que sí vienen del corazón de esta industria, como Tom Siegel, ex vicepresidente de confianza y seguridad de Google, quien en 2026 se unió a Common Sense Media como primer director ejecutivo del nuevo Youth AI Safety Institute —una iniciativa respaldada, entre otros, por Anthropic y la fundación sin fines de lucro que controla OpenAI—.

Siegel ha sido directo sobre por qué considera que la IA representa un riesgo mayor que el de las redes sociales para la infancia: “nos encontramos en una situación realmente terrible en cuanto a lo que la IA le está haciendo a los niños”, declaró, señalando riesgos que van desde el suicidio y la psicosis hasta lo que él llama “descarga cognitiva” — la disminución del pensamiento crítico que ocurre cuando alguien depende de la IA para pensar por él, en lugar de con él.

La diferencia técnica es clave: un feed de redes sociales no te responde. Un compañero de IA sí lo hace — recuerda conversaciones anteriores, adapta su personalidad a lo que genera más respuesta emocional, y puede convertirse en una fuente de validación y apoyo emocional aparentemente genuina.

Cuando el modelo de negocio de un producto premia el tiempo de uso, ese mismo sistema tiene un incentivo estructural para mantener la conversación activa, incluso cuando seguir esa interacción ya no es lo mejor para quien la sostiene — especialmente si quien la sostiene es un niño o adolescente.

Un caso que encendió las alarmas

Parte de la urgencia detrás de este movimiento tiene un origen concreto: en 2025, la agencia Reuters reveló un documento de política interna de Meta que establecía los estándares bajo los cuales sus chatbots operaban, y que mostraba que estos podían mantener conversaciones “románticas o sensuales” con menores de edad. Poco después, The Washington Post reportó que la propia empresa había suprimido investigación interna que habría revelado riesgos de seguridad para niños y adolescentes en sus dispositivos y aplicaciones.

El hallazgo motivó una investigación del senador estadounidense Josh Hawley, y una carta conjunta de 44 fiscales generales de distintos estados dirigida a las principales empresas de tecnología —incluyendo Meta, Google, Apple, Microsoft, OpenAI y Anthropic— advirtiendo que serían responsabilizadas por sus decisiones en materia de seguridad infantil.

Lo que la evidencia científica está empezando a mostrar

No es solo intuición de la industria. Un estudio de 2025 con cerca de 100,000 personas encontró que el uso de video de formato corto se asoció de forma consistente con peor rendimiento cognitivo y deterioro en varios aspectos de salud mental, tanto en usuarios jóvenes como mayores — evidencia que empieza a respaldar, desde la ciencia, lo que varios líderes tecnológicos ya practicaban por instinto propio dentro de sus casas.

Qué pueden hacer otras familias con esta información

Los propios especialistas en seguridad infantil consultados por distintos medios coinciden en recomendaciones prácticas, más allá de la prohibición total:

  • Explica que un chatbot es una herramienta, no una relación. Como señala la psicóloga Berman, es útil explicarle a los niños que los chatbots son “máquinas de predicción, no amigos ni terapeutas reales, y que a veces se equivocan de forma peligrosa” — enmarcándolo como una decisión informada que el propio niño puede aprender a tomar, no solo una regla impuesta.
  • Usa la tecnología en espacios comunes del hogar, no en habitaciones privadas, y aprovecha los controles parentales disponibles, sabiendo que son imperfectos y no un sustituto de la supervisión activa.
  • Desactiva la memoria o personalización de largo plazo en las aplicaciones de IA que uses con menores, una recomendación específica de varios especialistas dado que buena parte de los casos más graves documentados involucraban chatbots con capacidad de recordar conversaciones pasadas y generar vínculos más profundos.
  • Evita plataformas que se promocionan explícitamente como “compañeros” o “terapeutas” — es una señal de que el producto está diseñado para maximizar el vínculo emocional, no para acompañar de forma segura.

En resumen

El patrón no es casualidad ni paranoia: las personas que mejor entienden cómo se diseñan estos sistemas para maximizar el tiempo de uso y el vínculo emocional son, consistentemente, las que más cautela aplican dentro de sus propios hogares.

Eso no significa que la inteligencia artificial deba evitarse por completo en la vida de los niños, pero sí es una señal razonable de que el acceso sin ningún límite ni acompañamiento merece, como mínimo, el mismo escepticismo que ya aplicamos —tarde, según reconocen muchos de sus propios creadores— a las redes sociales.

Referencias:

  1. Fortune. Tech billionaires and executives like Evan Spiegel and Peter Thiel are publicly shielding their children from the products that made them rich.
  2. Georgetown Law, Tech Institute. AI Companions & Harms to Children.
  3. Insideai.news / Detroit News / Spokesman-Review. Ex-Google safety chief warns AI could harm children more than social media did (septiembre 2026).
  4. PolitiFact. AI chatbots, companions, talk to kids: a parent guide.
  5. HackerNoon. Tech Billionaires’ Screen-Time Limits for Their Kids Offer a Warning About AI.