Washington D.C., 2 de abril de 2025 – En un movimiento que sacude los cimientos del gobierno de Donald Trump, Elon Musk, el genio detrás de Tesla y SpaceX, habría decidido dar un portazo a su rol en la administración apenas meses después de asumirlo. Fuentes cercanas al círculo íntimo del presidente revelan que Trump informó a su equipo que Musk abandonará su puesto como líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) en las próximas semanas, optando por rescatar sus negocios en medio de una tormenta económica.

La bomba, destapada este miércoles por medios como Político, llega en un momento de tensiones internas y caos en las empresas del magnate, dejando a Washington en vilo.
El anuncio cae como balde de agua fría tras días de rumores sobre el futuro de Musk en el gobierno. Trump, quien había celebrado a Musk como “un genio único” en un reciente discurso, habría reconocido que el empresario necesita volver al sector privado para salvar sus imperios.
“Elon hizo un trabajo increíble, pero sus compañías lo necesitan más que nosotros ahora”, habría dicho el presidente a sus asesores, según reportes. La idea de que Musk prioriza sus “tiendas” sobre la política resuena fuerte: Tesla enfrenta una crisis sin precedentes, y SpaceX lidia con retrasos que amenazan su dominio espacial.
Musk tomó las riendas del DOGE el 20 de enero de 2025, tras la investidura de Trump, con la tarea de recortar el gasto federal y revolucionar la burocracia. Designado como “empleado especial del gobierno” por 130 días, su salida anticipada—quizás este mismo mes—apunta a razones más allá de su contrato.
Tesla reportó una caída brutal del 13% en ventas globales este trimestre, golpeada por boicots y vandalismo vinculados a la imagen de Musk como aliado de Trump. Además, fuentes internas señalan que funcionarios trumpistas lo veían como un “lastre político” por sus comentarios incendiarios y su estilo caótico.
Su paso por el DOGE dejó huella
En pocos meses, Musk impulsó recortes que ahorraron millones, pero también sembraron desorden en agencias federales, con despidos masivos y críticas por su mano dura. “Redujimos el déficit en un billón de dólares; mi trabajo está casi hecho”, afirmó Musk en una entrevista reciente con Fox News. Sin embargo, la Casa Blanca, a través de la secretaria de prensa Karoline Leavitt, desmintió los rumores de su partida como “basura”, insistiendo en que Musk se irá solo “cuando su tarea esté completa”. Las contradicciones alimentan el drama.
La relación entre Trump y Musk, que floreció con un apoyo mutuo en la campaña de 2024, parece fracturarse en la práctica, aunque no en palabras. Trump lo sigue elogiando, pero aliados del presidente admiten alivio ante su posible salida, hartos de su enfoque disruptivo. “Elon fue un escudo para Trump, pero si eso empieza a dañar al jefe, se acabó”, confesó un asesor anónimo. Por ahora, no hay sucesor claro para el DOGE, aunque el equipo de Musk podría seguir hasta 2026 bajo un decreto presidencial.
En Wall Street, las acciones de Tesla treparon un 5% tras las primeras filtraciones de su regreso, rebotando desde un desplome del 6% por ventas débiles.
Los inversores celebran que Musk vuelva a sus dominios, apostando a que salvará a Tesla del abismo. Para Trump, perder a su aliado estrella es un golpe simbólico en plena tormenta política, pero podría calmar a un equipo dividido. Para Musk, es un retorno urgente a lo que lo hizo leyenda: innovar desde sus fábricas, no desde un escritorio en Washington.
La noticia sigue en desarrollo, sin declaraciones directas de Musk o Trump al cierre de esta edición. Pero el mensaje es claro: el hombre que juró “sacudir el sistema” deja el gobierno en medio de un torbellino, con sus empresas al borde del colapso y un presidente que pierde a su carta más audaz. El telón cae, y el foco vuelve a Palo Alto.
