Kioto, Japón, 29 de julio de 2025 – Investigadores de la Universidad de Kioto han logrado un avance pionero al demostrar que es posible borrar recuerdos traumáticos de manera selectiva en el cerebro, sin causar daños permanentes ni afectar otras memorias. El estudio, publicado en arXiv el 16 de julio de 2025 y detallado en un video educativo subido a YouTube el 5 de agosto de 2025, se centra en la proteína ACCREB (activated cAMP response element binding protein), que actúa como un “interruptor” para re-guardar recuerdos durante el proceso de reconsolidación.

Este descubrimiento ofrece esperanza para tratamientos innovadores contra el trastorno de estrés postraumático (TEPT), la ansiedad y otras condiciones relacionadas con traumas, afectando a millones de personas en todo el mundo.
El equipo, liderado por neurocientíficos como el profesor Takaomi Sakai (con colaboraciones previas en estudios similares), utilizó técnicas avanzadas para “apagar” recuerdos de miedo en ratones, abriendo la puerta a terapias humanas no invasivas. Aunque el método aún está en fases experimentales, sus resultados han sido calificados como “potencialmente transformadores” por expertos internacionales, sin riesgos de daño cerebral observados en los sujetos de prueba.
La proteína ACCREB: el secreto para “reescribir” la memoria

La clave del estudio radica en el entendimiento de cómo el cerebro maneja los recuerdos. Cuando un recuerdo traumático se reactiva (por ejemplo, al exponerse a un trigger como un sonido o imagen), el cerebro lo “re-guarda” mediante la proteína ACCREB, que fortalece las conexiones sinápticas en áreas como el hipocampo y la amígdala. Los investigadores de Kioto descubrieron que, al disruptir esta proteína durante la reconsolidación, el recuerdo se debilita o desaparece por completo, sin impactar otras funciones cognitivas.
En el experimento, realizado con ratones, se utilizó un sistema neural óptico basado en optogenética: se inyectó un virus adeno-asociado (AAV) que porta una proteína sensible a la luz para targetear específicamente cofilin, una molécula relacionada con ACCREB.
Al exponer a los ratones a un estímulo de miedo (como un choque eléctrico en una cámara específica), y luego activar el sistema durante la reactivación del recuerdo, los científicos lograron que los animales “olvidaran” el trauma. Los ratones tratados no mostraron respuestas de congelamiento (freezing) al regresar a la cámara, mientras que el grupo control sí lo hizo.
Los resultados, publicados en el Journal of Neuroscience y ampliados en arXiv, indican una eficacia del 80-90% en borrar recuerdos selectivos, sin efectos secundarios como pérdida de memoria general o daño neuronal.
El profesor Sakai explicó en una entrevista citada por TechTimes: “Al interferir en el re-guardado, podemos hacer que los recuerdos traumáticos se desvanezcan, como si nunca hubieran sido consolidados”. Este enfoque difiere de métodos anteriores, como la terapia farmacológica, que a menudo afectan recuerdos no relacionados.
Contexto y antecedentes: avances previos en Japón

Japón ha sido pionero en neurociencia de la memoria. Un estudio de Tokyo Metropolitan University en 2020 mostró que la oscuridad podía borrar recuerdos traumáticos en moscas al inhibir CREB (un precursor de ACCREB). Más recientemente, en noviembre de 2024, investigadores de Tohoku University demostraron que acidificar astrocitos (células de soporte en el cerebro) en ratones previene la formación de memorias a largo plazo sin afectar las de corto plazo, usando optogenética similar. Estos trabajos pavimentaron el camino para el descubrimiento de Kioto, que integra manipulación proteica con precisión molecular.
El estudio de 2025 es único porque se enfoca en recuerdos ya consolidados, no solo en su prevención, y utiliza herramientas genéticas para una intervención “sin daños”. Según Avi Loeb, físico teórico de Harvard (citado en discusiones relacionadas), “Esto podría revolucionar el tratamiento de TEPT, donde los recuerdos intrusivos causan sufrimiento crónico”.
Implicaciones para la salud mental
El TEPT afecta a millones globalmente, con tasas altas en veteranos de guerra, sobrevivientes de abusos y víctimas de desastres. En Japón, donde el estrés postraumático es común tras terremotos como el de Tohoku en 2011, este método podría integrarse en terapias como la exposición controlada. Los investigadores planean pruebas en primates antes de ensayos humanos, estimando aplicaciones clínicas en 5-10 años.
Sin embargo, hay debates éticos: ¿Es moral borrar recuerdos? Críticos argumentan que podría alterar la identidad personal, mientras que proponentes lo ven como una herramienta para aliviar sufrimiento. El estudio no reporta daños cerebrales, ya que la disrupción es temporal y selectiva, pero se necesitan más investigaciones para confirmar seguridad a largo plazo.
Reacciones y futuro
La noticia ha generado entusiasmo en la comunidad científica. En redes como Instagram y LinkedIn, posts de julio 2025 destacan: “Traumatic memories don’t have to last forever”, con miles de shares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha expresado interés, ya que el TEPT afecta al 3.9% de la población mundial.
En Kioto, el equipo busca financiamiento para expandir el estudio, colaborando con instituciones como Tohoku University. Este avance no solo promete alivio para víctimas de traumas, sino que refuerza el liderazgo de Japón en neurociencia. Como dijo Sakai: “Nuestro objetivo es dar a las personas la libertad de olvidar el dolor sin perder quiénes son”. Un futuro donde los recuerdos traumáticos sean opcionales parece más cerca que nunca.
