Científicos confirman un séptimo sentido: la capacidad de sentir a distancia a través de materiales granulares

La neurociencia tradicional reconoce cinco sentidos principales, más la propriocepción (el sexto sentido). Sin embargo, una reciente investigación publicada por la IEEE (Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos) ha desvelado una dimensión intrigante y poco explorada de la percepción humana: la habilidad de detectar la presencia de objetos ocultos bajo material granular (como arena o grava) sin contacto directo, un fenómeno que ha sido acuñado como “sentido remoto del tacto” o el “séptimo sentido”.

Este hallazgo desafía la comprensión tradicional del tacto, demostrando que la información sobre nuestro entorno puede ser transmitida a través de las interacciones mecánicas del material que manipulamos, similar a la forma en que ciertas aves (como los correlimos o sandpipers) detectan presas enterradas.

El “sentido remoto del tacto”: más allá del contacto directo

El estudio, realizado por investigadores de la Queen Mary University of London y University College London, se centró en la capacidad de los sujetos para detectar la presencia y la ubicación de un objeto enterrado mientras manipulaban el material granular que lo cubría.

La clave: la mecánica de los materiales granulares

A diferencia de los fluidos o los sólidos, los materiales granulares tienen propiedades físicas complejas. Cuando la mano humana interactúa con la superficie de este material (arena, grava), el objeto oculto debajo modifica sutilmente la distribución de fuerzas y vibraciones que se propagan de vuelta a la mano.

  • El mecanismo: Los investigadores demostraron que no se trata de intuición, sino de una integración mecanorreceptiva compleja. El cerebro humano es formidablemente capaz de discernir estas minúsculas variaciones en la fricción, la rigidez y la resistencia que experimentan los dedos al presionar o mover la capa superior de arena.
  • El fenómeno: Los sujetos fueron capaces de identificar la presencia y el tamaño aproximado de los objetos enterrados, eliminando las señales de contacto directo y demostrando un campo receptivo expandido del tacto mediado por el material.

La confirmación científica: plasticidad y receptores táctiles

Este “séptimo sentido” es una poderosa manifestación de la plasticidad cerebral y la sensibilidad de la piel, y no se basa en el calor o el eco, sino en la retroalimentación mecánica.

Receptores hiper-sensibles

Los mecanorreceptores en la piel de la mano (como los corpúsculos de Pacini y Meissner, responsables de detectar la vibración y la presión) son mucho más sensibles a las sutiles transferencias de fuerza a través del material granular de lo que se creía anteriormente.

  • Interpretación cerebral: El cerebro aprende a interpretar estos patrones de vibración distorsionada o de “rigidez” localizada como la presencia de un obstáculo subyacente. La información táctil, por lo tanto, informa sobre el entorno a una distancia pequeña, pero significativa, de la punta de los dedos.

Implicaciones robóticas y arqueológicas

El estudio de este sentido remoto del tacto tiene implicaciones que van más allá de la biología humana:

  • Robótica: Los ingenieros están utilizando estos hallazgos para desarrollar sistemas táctiles de próxima generación para robots. Estos sensores permitirían a los bots sondear entornos granulares u oscurecidos (como sitios arqueológicos, superficies planetarias o sedimentos submarinos) con una delicadeza y precisión sin precedentes, sin necesidad de visualización.
  • Medicina: Entender cómo el cerebro procesa estas señales puede abrir caminos para mejorar los sistemas de percepción táctil en prótesis avanzadas.

El “séptimo sentido” es la prueba de que el sentido del tacto es mucho más sofisticado de lo que pensábamos. Es una herramienta de detección espacial indirecta, permitiendo al humano sentir y mapear su entorno inmediato a través de las interacciones mecánicas con el material que tiene a mano.