Así puedes usar la fibra para mejorar tu intestino y reducir el colesterol, según la ciencia

Hay un nutriente que puede ayudarte a mejorar el tránsito intestinal y, al mismo tiempo, contribuir a reducir el colesterol LDL, conocido como colesterol malo. Se trata de la fibra, presente en alimentos cotidianos como la avena, las manzanas, las legumbres y las semillas.

Aunque suele asociarse principalmente con la digestión, determinados tipos de fibra soluble también ayudan a disminuir la absorción del colesterol y favorecen su eliminación a través de las heces. Para aprovechar sus beneficios, no necesitas recurrir a dietas depurativas ni a productos que prometen limpiar el organismo: basta con saber qué fibras elegir y cómo incorporarlas a tu alimentación.

¿Cómo ayuda la fibra a eliminar el colesterol?

No todas las fibras actúan de la misma manera. La fibra insoluble contribuye principalmente a aumentar el volumen de las heces y favorecer la regularidad intestinal. La fibra soluble, por su parte, se mezcla con el agua y forma una sustancia gelatinosa durante la digestión.

Este proceso puede ayudar a reducir la absorción del colesterol y de los ácidos biliares en el intestino. Como el organismo necesita producir nuevos ácidos biliares, utiliza colesterol para fabricarlos, lo que contribuye a disminuir el colesterol LDL circulante.

La evidencia científica respalda especialmente los efectos de la fibra soluble viscosa, como los betaglucanos de la avena y la cebada, y el psyllium, una fibra obtenida de la cáscara de las semillas de Plantago ovata.

Esto no significa que la fibra elimine todas las toxinas del cuerpo. El hígado, los riñones y otros sistemas realizan las funciones de procesamiento y eliminación de sustancias de desecho. El beneficio demostrado de la fibra es más concreto: mejora la función intestinal y determinadas variedades pueden ayudar a reducir el colesterol.

1. Incorpora avena para aprovechar sus betaglucanos

La avena contiene betaglucanos, un tipo de fibra soluble que ha demostrado ayudar a reducir el colesterol total y el LDL.

Una de las cantidades estudiadas es al menos 3 gramos diarios de betaglucanos de avena, dentro de una alimentación equilibrada. No equivale a 3 gramos de avena: se trata de la cantidad de fibra específica que aporta el alimento, y su contenido varía según el producto.

Puedes incorporar avena a tu desayuno con preparaciones sencillas:

  • Avena cocida con manzana y canela.
  • Avena natural mezclada con yogur sin azúcar añadido.
  • Hojuelas de avena con nueces y fruta fresca.

Prefiere las versiones naturales y revisa las etiquetas de los productos instantáneos, ya que algunas contienen cantidades elevadas de azúcar añadido.

La avena también aporta fibra para la salud intestinal, por lo que puede ser una buena opción para aumentar gradualmente el consumo diario de este nutriente.

2. Consume manzanas, peras y otras frutas enteras

Las frutas aportan una combinación de fibra soluble e insoluble. Las manzanas y las peras, por ejemplo, contienen pectina, una fibra soluble que puede contribuir a los beneficios digestivos y metabólicos de una alimentación rica en vegetales.

Para aprovechar mejor su contenido de fibra, consume la fruta entera en lugar de sustituirla habitualmente por jugos. Al exprimirla, se pierde buena parte de la fibra que queda en la pulpa, especialmente si se cuela.

Puedes comer una manzana o una pera como colación, añadir fruta troceada a la avena o combinarla con un puñado pequeño de frutos secos sin sal.

No necesitas comer cantidades excesivas ni limitarte a una fruta específica. La variedad es importante porque distintos alimentos aportan diferentes tipos de fibra y otros nutrientes.

3. Añade legumbres a tus comidas

Los frijoles, las lentejas, los garbanzos y otras legumbres son fuentes de fibra, además de aportar proteína vegetal y minerales.

Incorporarlas de forma habitual puede ayudarte a aumentar la cantidad total de fibra de la dieta y mejorar la calidad general de la alimentación. También permiten sustituir parcialmente alimentos con más grasas saturadas, lo que puede favorecer el control del colesterol.

Prueba a añadir lentejas a una sopa, preparar frijoles con verduras o utilizar garbanzos en ensaladas.

Si no estás acostumbrado a consumir legumbres, comienza con porciones pequeñas y aumenta la cantidad poco a poco. Un incremento brusco de fibra puede provocar gases, distensión abdominal o molestias digestivas.

4. Considera el psyllium si necesitas aumentar la fibra soluble

El psyllium es una fibra soluble que absorbe agua y forma un gel en el aparato digestivo. Se utiliza para mejorar la regularidad intestinal y cuenta con evidencia clínica de que puede reducir el colesterol LDL.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2018 reunió 28 ensayos clínicos con 1.924 participantes. En los estudios analizados, una dosis mediana aproximada de 10 gramos diarios de psyllium se asoció con una reducción del colesterol LDL.

Sin embargo, esa cantidad procede de investigaciones y no debe interpretarse como una dosis necesaria para todas las personas. La tolerancia, las enfermedades existentes y los medicamentos que se toman pueden cambiar las recomendaciones individuales.

Si decides utilizarlo, sigue las instrucciones del producto, mézclalo con suficiente líquido y no lo consumas seco. Puede interferir con la absorción de algunos medicamentos, por lo que conviene consultar a un profesional sanitario o farmacéutico sobre la separación entre las tomas.

El psyllium puede ser una herramienta útil, pero no es imprescindible si consigues una ingesta adecuada de fibra mediante los alimentos.

5. Aumenta la fibra sin provocar molestias digestivas

Comer más fibra no significa cambiar toda tu alimentación de un día para otro. Una transición gradual suele ser más fácil de tolerar.

Puedes comenzar añadiendo una porción de avena al desayuno, incorporar legumbres varias veces por semana y elegir frutas enteras. Después, ajusta las cantidades según tu tolerancia.

También es importante beber suficiente agua, especialmente cuando aumentas la fibra o utilizas psyllium. La cantidad necesaria depende de tu actividad, el clima y tu estado de salud; si tienes una enfermedad renal o cardíaca que exige limitar los líquidos, sigue las indicaciones médicas.

Como orientación general, las recomendaciones para adultos suelen situarse alrededor de 25 a 30 gramos de fibra al día, aunque las necesidades varían según la edad, el sexo y la ingesta energética.

No es necesario alcanzar una cifra exacta desde el primer día. La constancia y la variedad importan más que intentar consumir grandes cantidades de un solo alimento.

¿Cuánto puede bajar el colesterol con la fibra?

El efecto depende del tipo de fibra, la cantidad consumida, los niveles iniciales de colesterol y el resto de la alimentación. Los betaglucanos de avena y cebada y el psyllium cuentan con evidencia específica para reducir el LDL, pero el resultado no es idéntico en todas las personas.

La fibra funciona mejor como parte de un patrón de alimentación saludable que limite las grasas saturadas y favorezca las verduras, las frutas, los cereales integrales, las legumbres y los frutos secos.

Si tienes el colesterol elevado, no sustituyas los medicamentos recetados por suplementos de fibra ni suspendas el tratamiento por tu cuenta. La alimentación puede complementar el tratamiento, pero algunas personas necesitan medicación para reducir su riesgo cardiovascular.

En definitiva, la forma más respaldada por la ciencia de aprovechar la fibra es incorporarla diariamente, priorizando alimentos variados y fuentes de fibra soluble como la avena y las legumbres. Así puedes favorecer la regularidad intestinal y contribuir a reducir el colesterol LDL, sin recurrir a supuestas limpiezas del organismo.

Fuentes: