La vitamina cuya falta puede causar olvidos, cansancio y hormigueo en manos y pies

El cansancio que se vuelve parte de la rutina, los olvidos que empiezan a preocupar y esa sensación de pequeños pinchazos en los dedos pueden parecer problemas independientes. A veces se atribuyen al estrés, a una mala noche o simplemente a la edad. Sin embargo, una deficiencia de vitamina B12 puede estar detrás de esa combinación de síntomas.

Esta vitamina participa en funciones esenciales para la sangre y el sistema nervioso. Cuando falta, las señales pueden aparecer poco a poco y resultar difíciles de reconocer. Además, existe un detalle que suele sorprender: comer alimentos que contienen B12 no siempre garantiza que el cuerpo pueda aprovecharla.

Por qué una sola vitamina puede afectar a la energía y a los nervios

La B12 ayuda a formar glóbulos rojos saludables y a mantener el funcionamiento del sistema nervioso. También interviene en la producción de mielina, la cubierta que protege muchas fibras nerviosas.

Su deficiencia puede provocar anemia, una situación en la que la sangre pierde capacidad para transportar suficiente oxígeno. De ahí pueden surgir debilidad y fatiga. Pero los efectos no se limitan a la sangre: también puede haber problemas neurológicos sin que exista anemia, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Por eso, que un análisis no muestre anemia no descarta automáticamente una falta de B12.

Tres señales que merecen atención cuando persisten

1. Cansancio que interfiere con lo cotidiano. No se trata únicamente de tener sueño. Puede sentirse como debilidad o como una falta de energía que vuelve más pesadas actividades antes llevaderas. Cuando existe anemia, también pueden aparecer palpitaciones o dificultad para respirar con el esfuerzo.

2. Cambios en la memoria y el pensamiento. La deficiencia puede acompañarse de dificultades para recordar, comprender o pensar con claridad. Un olvido aislado no permite sospecharla por sí solo; preocupa más un cambio persistente respecto a cómo funcionaba habitualmente la persona.

3. Hormigueo o pérdida de sensibilidad. Las manos y los pies pueden sentirse adormecidos o con pequeños pinchazos. En algunos casos también aparecen debilidad muscular o dificultades de equilibrio.

El Servicio Nacional de Salud británico reconoce estas manifestaciones entre los posibles síntomas de la deficiencia. Ninguna de ellas confirma el diagnóstico por separado, pero su persistencia justifica una evaluación.

Puede faltar aunque la alimentación parezca suficiente

Para absorber la B12 de los alimentos, el organismo necesita liberarla durante la digestión y combinarla con una proteína producida en el estómago, llamada factor intrínseco. Después se absorbe en una parte del intestino delgado.

Si ese proceso se altera, puede desarrollarse una deficiencia incluso consumiendo carne, pescado o lácteos. Algunas enfermedades del estómago o del intestino, así como determinadas cirugías digestivas, dificultan su aprovechamiento.

Un ejemplo es la gastritis autoinmune, que puede reducir la producción del factor intrínseco y dar lugar a la llamada anemia perniciosa. En estos casos, aumentar los alimentos con B12 puede no ser suficiente para corregir el problema.

También existe riesgo cuando una dieta vegana no incluye una fuente fiable de esta vitamina, como alimentos fortificados o suplementos. El organismo almacena reservas que pueden durar años, de modo que los síntomas no necesariamente aparecen poco después de cambiar la alimentación.

La edad y algunos medicamentos también influyen

Con los años, algunas personas producen menos ácido en el estómago y tienen más dificultad para liberar la B12 de los alimentos.

Además, medicamentos como la metformina y ciertos tratamientos que reducen la acidez gástrica pueden disminuir su absorción. Esto no significa que haya que suspenderlos, sino que conviene tenerlos en cuenta al investigar síntomas o factores de riesgo.

Entre las fuentes alimentarias de B12 se encuentran el pescado, los mariscos, la carne, los huevos y los lácteos. Algunos cereales y levaduras nutricionales también la aportan cuando están fortificados; esa información figura en la etiqueta.

Cómo se comprueba si realmente está faltando

La evaluación reúne los síntomas, los antecedentes y los análisis. Puede incluir la medición de B12 en sangre y un hemograma para revisar la hemoglobina y las características de los glóbulos rojos.

El resultado de laboratorio necesita interpretarse junto con lo que le ocurre a la persona. Algunas tienen valores bajos sin síntomas evidentes; otras presentan manifestaciones que requieren seguir investigando aunque el resultado inicial no sea concluyente.

Identificar la causa también importa: un aporte alimentario insuficiente y una dificultad de absorción pueden necesitar tratamientos distintos. Por eso, la consulta suele incluir preguntas sobre alimentación, medicamentos y operaciones o enfermedades digestivas.

Qué sucede cuando se trata la deficiencia

El tratamiento repone la vitamina mediante comprimidos o inyecciones, según la causa, la gravedad y la presencia de síntomas neurológicos. Algunas personas necesitan tratamiento prolongado porque el problema de absorción persiste.

La evolución se revisa con seguimiento clínico y, cuando corresponde, nuevos análisis. No existe un plazo único de recuperación para todos los síntomas, y la mejoría no debe valorarse únicamente por sentirse con más energía.

Atenderla pronto tiene importancia: aunque muchas manifestaciones mejoran, algunas lesiones del sistema nervioso pueden dejar secuelas si la deficiencia permanece sin tratar. Cuando el cansancio, los cambios de memoria o el hormigueo persisten, revisar esta posibilidad permite detectar una causa tratable sin atribuirlo todo al paso de los años.

Fuentes médicas